Un año después, los vigilantes recuerdan como vivieron esos primeros meses de pandemia trabajando.

Los vigilantes del Hospital Dr. Negrin se plantan y piden la misma protección frente al coronavirus.

Alexis Alemán lleva 21 años trabajando en el Hospital Universitario de Gran Canaria Doctor Negrín. Es vigilante de Seguridad y recuerda, como si fuera otra vida, los primeros días de la pandemia: “creo que aún no estábamos confinados ni era obligatorio llevar mascarilla, pero ya por entonces interactuábamos todos los días con pacientes. En general, no solo con el Covid, para cualquier cosa que no sea operar o pinchar, nos llaman a nosotros”.

Ya conscientes de la irrupción del Covid en nuestras vidas y nuestros trabajos, “tuvimos que denunciar a la empresa por falta de medios de protección. No había EPI’s, teníamos miedo. Cuando realmente me di cuenta de a qué nos exponíamos fue el día en el cual, a las seis de la mañana, estábamos con un señor que no quería colaborar durante el ingreso. Nos encontrábamos la doctora, las enfermeras, auxiliares y celadores, todos con mascarillas, y nosotros, dos vigilantes, que éramos los únicos sin mascarillas. Yo le pregunté a la doctora por la falta de mascarillas y esta contestó que realmente no eran necesarias, que la usaban por precaución. No lo comprendíamos y dijimos que, si no nos daban mascarilla, no íbamos a actuar. Lo pasamos muy mal. Hoy lo pienso y fuimos valientes al hacer ese parón. Pero creo que era lo que teníamos que hacer: si no nos daban mascarillas, no actuábamos, fuese con quien fuese. De hecho, le escribimos 7 u 8 veces a la empresa con informes reclamando material de protección. Ante su pasividad, no nos quedó más remedio que denunciar”, relata Alemán.

El delegado de la FTSP-USO Canarias reconoce la laboral del hospital en todo momento. “Nos apoyaron siempre. También le pedían a la empresa que nos proporcionara la protección. Por suerte, no ocurre como en otros sitios, donde al cliente le da igual la rotación constante en las contratas. Aquí no querían que tocaran a su plantilla habitual, quieren a su personal de toda la vida”.

Perder a un compañero: la cara más amarga del covid-19

El peor momento laboral lo tuvo Alexis Alemán al perder a un compañero por Covid-19. Uno de los compañeros de servició falleció por coronavirus en el propio hospital.

«Parece ser que el contagio no se produjo en el trabajo, pero nosotros estábamos en primera línea. Actuábamos con pacientes que no sabíamos si estaban enfermos de Covid o no. Tampoco se hacían PCR, como ahora. Íbamos ‘a pecho descubierto’ en todo momento”, recuerda.


Los otros trabajadores esenciales de los supermercados denuncian el mismo olvido

Como ocurría en los hospitales, donde muchos más trabajadores que los meramente necesarios fueron necesarios para su funcionamiento, se daba también en el comercio. Álvaro Suárez afiliado de la FTSP-USO es vigilante de seguridad desde hace mas de 15 años en una de las grandes superficies comerciales de La Laguna, Tenerife. “Nosotros no cerramos en ningún momento, la alimentación siempre estuvo abierta. Lo que hizo el hipermercado fue cerrar las zonas de artículos que no eran de primera necesidad y se mantuvieron alimentación, droguería, informática, telefonía…”, resume el inicio de su experiencia con el estado de alarma.

En el centro comercial donde se sitúa el Alcampo donde presta servicios, “se cerró el área comercial”. En su caso, “las medidas eran casi nulas. Al principio, se usaron mucho los guantes. También empezamos a utilizar las mascarillas de papel que nos facilitaba el centro, pero desconociendo en realidad el procedimiento. No había todavía control de gente, había nerviosismo y avalanchas… Y eso que nuestro trabajo fue un poco más fácil porque todo está en un solo nivel. Los compañeros que tenían que trabajar en superficies de varios niveles lo pasaron aún peor. Al principio, se gestionaban dos entradas, pero era una locura, así que la dirección optó por dejar solo una entrada y a día de hoy seguimos así”.

Con la paralización de la actividad, los supermercados fueron, sin embargo, los grandes beneficiados en facturación. No había control de aforos, las colas eran inmensas, había cientos de personas en el hipermercado.

La sempiterna falta de EPI y la falta de personal para aplicar las medidas

Con el control de aforos, se nos hizo costumbre ver a los vigilantes a la puerta de supermercados más pequeños, donde nunca los ha habido. En el caso del hipermercado, sí los había previamente. “Pero estuvimos muy cortos de personal. Hablamos de un área de ventas de 12.000 m2. Eso, en muchas ocasiones, lo gestionábamos únicamente dos vigilantes. Y había problemas de continuo: los empujones, la famosa época del papel higiénico y otros disparates… La gente a veces se metía por los lineales que estaban cerrados… porque, en realidad, no podíamos abrir, por ejemplo, el bricolaje. Pero había gente que sí necesitaba cambiar el teléfono de la ducha y no tenía dónde comprarlo porque esos comercios no se habían considerado de primera necesidad. Pero otros le echaban un poco de picaresca al asunto… entraban en esos lineales cerrados a venta, lo cogían y lo llevaban directamente a caja. Tuvimos momentos tensos, peleas y faltas del respeto al personal”.

Claro que han sufrido agresiones, resalta. Muchas, por obligar a la gente a llevar mascarilla. En general, “al día tenemos de seis a diez agresiones verbales o enfrentamientos con clientes. Hemos tenido que sacar a gente o llamar a la policía. Sigue habiendo negacionistas que pretenden acceder al hipermercado poniéndonos en peligro a todos. También hemos padecido agresiones físicas, pero por suerte llegan rápido del control o de la galería para prestar apoyo, o la policía en los peores casos, que nunca ha fallado”.

Álvaro se suma a la carencia que padecieron todos los trabajadores que se jugaron su salud cara al público: “la dotación de EPI dejó bastante que desear».

«Mi empresa por aquel entonces, Prosegur, tardó mucho en darnos alguna protección, y fueron solo dos mascarillas con válvula por persona. El hipermercado, por suerte, nos proveyó de algunas mascarillas más y podíamos ir alternando. En un principio, cuando recomendaban usar guantes, usábamos tres pares al día y lo que nos daban eran cinco pares al mes. Luego, con las mascarillas quirúrgicas… dos para 15 días, cuando se decía que debían ser dos por turno de 8 horas. Las FFP2 no las hemos conocido ni con Prosegur ni con Sasegur, que ha tomado el relevo”.


Los dos artículos completos en www.uso.es

 

 

 

 

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